Se acerca la Navidad, fecha en la que celebramos el nacimiento de Jesús. El inicio del Adviento podría ser considerado una enorme posibilidad para hacer un acto de revisión de nuestro interior, de espera, de conversión, de esperanza, de alegría. Ese es el significado del Adviento. Como su nombre lo indica, es una espera de la venida de Jesús.

Son cuatro domingos de Adviento previos a la Navidad. El Adviento tiene un doble significado, sobre la llegada de Jesús como bebé y su relación con la Pascua. Con el adviento inicia el cumplimiento de la promesa de la llegada del hijo de Dios y con la Pascua se cumple esta promesa a través de la cuál se da la expiación del pecado y se da el cumplimiento de la palabra, a través de la cual, Jesús dando su vida da fé y asienta su ser como hombre y como ser divino, que se venía anunciando dentro de las profecías del Antiguo Testamento.

Es con la Pascua que se cumple la promesa de la llegada del hijo de Dios. Por ese motivo se vincula el Adviento con la Pascua. El Adviento nos prepara para la llegada de Dios, es un momento para interiorizar y renovar nuestra fe.

Existen dos aspectos, el aspecto histórico, con el nacimiento de Jesús, y el aspecto escatológico con la espera de la segunda venida de Jesús en los últimos tiempos.

Estos domingos de Adviento tenemos la oportunidad de reconocer nuestra conversión y es importante entender el significado de cada una de las semanas.

El primer domingo es un domingo con un sentido escatológico y se nos invita a estar a la espera, o en vigilia, al no saber en qué momento se dará la llegada del Señor. Se nos invita a estar en oración.

El segundo domingo se invita a la conversión, recordando las palabras de Mateo: “conviértanse porque ya está cerca el Reino de los Cielos”. Es una invitación a seguir a Jesús de vivir un proceso permanente de conversión.

El tercer domingo es el domingo de gozo, y se utiliza la vela rosa, reconociendo estos momentos de alegría porque ya el reino está entre nosotros y falta poco para el nacimiento de Jesús.

El cuarto domingo se celebra al fin el nacimiento del niño Jesús. Esta es la semana de la Paz, recordando el nacimiento del Salvador. Algunas personas acostumbran encender una vela blanca en esta semana del adviento.

A través del adviento recordamos el aspecto mariológico de la espera de Jesús dedicado a la vocación de María como madre de Dios. Dentro de estas cuatro semanas de adviento celebramos la Anunciación, la Visitación y el Magnificat, donde podemos acercarnos a María como intercesora ante Jesús. Este culto a María o exhortación apostólica Marialis Cultus surge durante el Vaticano II en 1974 en la época de Pablo VI donde se reconoce el adviento como una exhortación mariológica, recordando a María como madre de Dios y madre de la Iglesia.

El color de las velas, principalmente el color morado, el color que representa la conversión. En la semana tres, se utiliza el color rosa, representando el regocijo.

Más allá de las fiestas y reuniones con familiares y amigos, o el intercambio de regalos, es muy rico encontrar el significado detrás de la Navidad y poder vivir nuestra espiritualidad cristiana en esta época.